¿Te has sentido raro después de tener algún tipo de actividad sexual? Esto es más común de lo que pensamos y puede que no sea simplemente cansancio.
La disforia postcoital es el nombre que se le da a cualquiera que sea nuestro sentir después del clímax que alcanzamos en una interacción sexual, ya sea estando con alguien más o al darnos placer a nosotros mismos. También llega a recibir el nombre de “depresión post sexo” dado que los sentimientos más predominantes en estos casos suelen ser los de tristeza, ansiedad o culpa, aunque el término es aplicable de igual manera a la relajación o sueño profundo tras la actividad sexual.
El sentimiento que nos puede embargar es muy variable y personal, aunque no se da en todos los casos ya que solo se registra su presencia en aproximadamente el 40% de las personas. Se le atribuye su presencia principalmente a dos cuestiones: que haya un movimiento o caída hormonal tras concluir el acto sexual, o debido a estigmas que nos hemos formados de manera individual o grupal (específicamente debido a cuestiones culturales o religiosas).
Por la intensidad que puede alcanzar se ha llegado a determinar como una posible disfunción sexual ya que hay casos más fuertes en los que el sentimiento crece o evoluciona a un punto en que se convierte en un malestar físico, y es por eso que hay que conocerlo, entenderlo y saber cómo lidiar con él.
Lo primero es explicar que este sentimiento no es producto de un momento sexual insatisfactorio. Es posible que tanto el juego previo como durante el sexo o la masturbación sean amplimanete satisfactorios, de hecho es un punto crucial que el placer sea el suficiente para poder alcanzar el clímax o el orgasmo. Es después de haber terminado que puede llegar a presentarse la disforia.
Una de las principales cuestiones, o algunos le dirían problema, en los casos dónde se suscita este sentir es que puede durar de unos cuántos minutos o hasta días.
Se ha establecido que la disforia postcoital es más común en mujeres, pero la verdad es que se han realizado pocos estudios al respecto en el sexo masculino. Una de las certezas que se tiene es que no es una problemática nueva dado que se han encontrado registros al respecto en escritos de la antigüedad.
Si alguien la llega a sentir o padecer no quiere decir que sea algo permanente para todos los actos sexuales que vaya a tener en toda su vida, puede presentarse de manera esporádica.
La cuestión con este síndrome es que las afectaciones van más allá de esos sentimientos negativos mientras seguimos desnudos o recién terminamos, puede desarrollar complejos más fuertes al no comprender el por qué pasa, pensar que se generarán problemas interpersonales con la pareja, e incluso llevar a querer evitar contactos sexuales. El sentido de vergüenza va creciendo y se llega a ocultar en nuestro interior.
Por todos los factores en juego, el pensamiento de la causa de la disforia postocital se atribuye a elementos neuroquímicos principalmente, como el no poder regular la liberación de hormonas que contrarrestan el sentimiento de placer y ocasionan un resultado negativo en la experiencia. También se considera que la amígdala (vinculada a emociones como la ansiedad y el miedo) suele disminuir sus funciones durante la actividad sexual, pero si su reactivación es inmediata al terminar puede dar pie al problema en cuestión.
No le tengamos miedo a que pueda surgir la disforia postcoital en alguno de nuestros encuentros, la primera arma es no estar predispuestos o preocupados a si es una posibilidad o no, que nos de ese sentimiento negativo, mientras menos lo tengamos presente se reduce el riesgo de llegar a sufrirlo.
Otra recomendación es intentar prolongar la actividad sexual o placentera más allá del orgasmo para evitar hacer asociaciones negativas, así podemos evitar la aparición y la presencia destacada de esos sentimientos problemáticos. ¿A qué nos referimos en específico? Puede haber momentos de relajación, coqueteo o estimulación una vez que logramos terminar. Si es en pareja pueden ser actos como acariciarse o abrazarse. En sí, se trata de generar un vínculo positivo post sexo, esto podemos realizarlo tanto en conjunto como individualmente.
Si llegara a ser una cuestión más persistente es altamente recomendable asistir con un psicólogo o sexólogo para poder atendernos de manera adecuada y darle el seguimiento necesario sin sufrir alteraciones en nuestra vida cotidiana.
Si alguna vez llegas a sentirte de esta manera, recuerda que es algo muy normal y que tiene explicación e incluso solución. Con un poco de introspección podremos llegar a ese punto en que al acabar un acto sexual solo nos llegue una sensación de calma, claridad y lógica al reactivarse nuestra corteza prefrontal del cerebro tras alcanzar el pico de placer sexual.
