Amantes del peligro ¿Por qué nos excita lo prohibido?

Para gustos, los colores. Todos tenemos preferencias únicas y específicas para todo lo que nos atrae y nos llama la atención. Es verdad que con otras personas podemos compartir atracción por cosas similares, pero no habrá alguien que coincida al 100% con nuestra idea de lo que nos gusta.

A pesar de eso, hay algo que sí nos ocurre a todos en cuanto a gustos o atracción se refiere: el sentimiento o la emoción que hace reaccionar a nuestro cuerpo al identificar ese algo que nos interesa. En ese estímulo intervienen elementos psicológicos, fisiológicos y hasta químicos, y dependiendo de la potencia con que se presente, puede evolucionar a algo más que una simple atracción y convertirse en un referente de algo que nos excita.

Hoy nos adentraremos en este tema para poder entender un poco más de cómo funciona esta excitación que se genera y se conecta directamente con nuestras preferencias sexuales.

“Se me acelera el corazón”

En la excitación sexual hay muchos factores que participan y la generan, entre ellos el cerebro, el sistema nervioso, las hormonas, la circulación y los sentidos. No son “ganas” que se presentan sólo porque sí.

Uno de los primeros movimientos o acciones que se llevan a cabo para que esto tenga lugar es la activación de circuitos o conexiones neuronales por parte del cerebro, en específico aquellos relacionados con la “motivación y recompensa”, los cuales conectan con sustancias neurotransmisoras como la dopamina.

De manera complementaria, se llegan a disminuir o aumentar sistemas de inhibición dependiendo de la situación que esté generando nuestra alteración. Esta es la principal razón por la que la excitación no requiere contacto físico para llevarse a cabo.

Posteriormente, se empiezan a transmitir señales a través del sistema nervioso autónomo que provocan diferentes cambios involuntarios en el cuerpo, como el aumento de la frecuencia cardíaca.

Algunos “síntomas” más perceptibles y físicos son la modificación del ritmo de la respiración, la tensión muscular, la ruborización y la sensibilidad aumentada en la piel.

“¿Estás feliz de verme?”

Varios de los efectos de la excitación se relacionan con el flujo sanguíneo que empieza a aumentar y recorre rápidamente todo nuestro cuerpo, generando una concentración de sangre en los genitales.

Esto puede producir erecciones, lubricaciones o expansión de tejidos. Entonces, se entiende que este efecto físico de los estimulantes que sentimos no está limitado solo a hombres o solo a mujeres.

No existe un tiempo delimitado en que dure el movimiento de este flujo sanguíneo porque depende de la intensidad o la recepción de los estímulos. Si un orgasmo se involucra dentro del proceso, la disminución del ritmo en que se mueve la sangre puede disminuir considerablemente y relativamente rápido, pero depende de la constitución y mentalidad de cada persona.

“Aquí donde nadie nos vea”

¿Qué puede provocar que se dé la excitación? Prácticamente cualquier cosa: la imagen de una persona en concreto, un recuerdo, algún contacto físico, un elemento relacionado a los sentidos, una palabra, un lugar, un objeto, etc. Siempre y cuando nuestra mente y cuerpo interpreten los estímulos de manera adecuada, hay una infinidad de cosas que nos pueden excitar.

Ahora bien, tomando todo lo anterior en cuenta, es muy fácil notar que algunas respuestas de nuestro cerebro y sistema nervioso son similares en situaciones que parecen opuestas, en específico cuando nos excitamos y cuando nos asustamos. El pulso, el flujo de sangre, la inhibición o activación de sentidos, estos y otros indicios se dan tanto en momentos que nos gustan como en aquellos en los que el instinto puede decirnos que nuestra integridad corre peligro.

La línea de similitudes llega a ser tan delgada que puede explicar con total facilidad el por qué, a pesar del “peligro” que representan, las situaciones de riesgo pueden atraer la atención sexual de varias personas.

Tener contacto sexual o incluso llegar a tener relaciones en momentos o lugares no apropiados o no tradicionales libera respuestas neuronales que nos ponen en alerta y llegan a intensificar las sensaciones, pensamientos y emociones del momento.

De llegar a desarrollarse de manera más fuerte, la excitación ya no será un resultado de la sensación de “peligro”, sino que esas situaciones se volverán un factor elemental o exclusivo para llegar a sentirnos excitados.

Esto no es lo ideal dado que poco a poco puede seguir escalando la necesidad de un estímulo prohibido para sentirnos realizados o complacidos en cuánto a nuestro deseo sexual, y en algún punto puede darse un choque o un conflicto con la ética y normas sociales del lugar dónde nos encontremos o las personas que, involuntariamente, se vuelvan parte de ello. En otras palabras, hay riesgo de que se caiga en una acción con consecuencias legales. 

“Sé lo que me gusta y lo que quiero.”

Con todo esto en mente, nos podemos hacer una idea más clara de cómo identificar todos esos factores y detonantes que nos estimulan y que podemos usar a nuestro favor al implementarlos dentro de nuestros encuentros sexuales.

Si tenemos claro que ciertas palabras o un timbre de voz en específico nos excita, podemos pedirle a nuestra pareja que lo utilice al hablarnos en medio de la acción. O tal vez una caricia en un lugar específico nos lleva a disfrutar aún más del momento.

Lo importante es tener claro qué es lo que nos gusta y recordar el poder de la comunicación en los momentos más intensos. Sea lo que sea que te pone la piel chinita, lo que te pone la cara roja, o que te pone a fantasear, recuerda siempre vivir tu sexualidad de manera responsable junto a Playboy Condoms.

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